Cada bebé tiene un apetito diferente. Lo que debe comprobar su pediatra es que crezca bien y sano.
Ellos mismos son capaces de regular la cantidad de comida que necesitan, en función de lo que están creciendo en ese momento.
El crecimiento no es uniforme. Por eso, como hay “parones” de crecimiento, también puede haber “parones” en el hambre del niño. Creemos que “no crece porque no come”, cuando en realidad se trata de que “no come porque ahora no crece”.
A partir de los 12 meses el crecimiento es más lento, por eso parece que tienen menos hambre.
Son más importantes la calidad y variedad de comida, que la cantidad. Si rechaza un alimento nuevo, ofrecérselo de vez en cuando, sin obligarle.
Se trata de enseñar a comer bien, no mucho: fruta fresca y vegetales u hortalizas en cada comida.
Ofrecer comidas atractivas, en pequeñas raciones, sin forzar.
Intentar comer en familia, servir de ejemplo para él, sin tener pantallas delante.
Marcar un límite de tiempo: no más de 40 minutos para cada comida.
No picar entre horas. El agua siempre es la mejor bebida.