Atención a la sexualidad. Promoción igualdad

Submitted byFJgarrido onSáb, 09/10/2022 - 17:44

Para disfrutar de una buena salud es imprescindible tener una buena salud sexual.

La sexualidad se desarrolla a lo largo de la vida. Forma parte de los sentimientos y emociones, de los comportamientos, relaciones y el cuerpo. Va más allá de los genitales.

Es una etapa de importantes cambios hormonales y físicos: pelo púbico y en las axilas, acné, cambios en los genitales. En las niñas, primero aparece el botón mamario y después crece el pecho, también se ensanchan las caderas. Aparece la regla. Los niños tienen pequeñas eyaculaciones involuntarias mientras duermen.

Aparece interés y, a veces preocupación, por los cambios que se producen en el cuerpo y por las nuevas sensaciones. Puede ser interesante hablar de estos cambios antes de que ocurran.

Tienen ya de forma clara la orientación del deseo y la identidad de género.

Al final de esta etapa suelen hacerse preguntas y buscar información sobre las relaciones sexuales y las medidas de prevención.

La comunicación en la familia es fundamental. Escuchad sus dudas y preocupaciones. Responded siempre a las preguntas con naturalidad. Llamar a las partes del cuerpo por sus nombres (pene, vulva…).

Aprovechad las situaciones cotidianas para hablar de sexualidad. No esperéis a que vuestros hijos o hijas os pregunten para hablar de ello.

No se debe castigar cuando el niño manifiesta curiosidad o ganas de reproducir sensaciones de placer.

Si vuestro hijo o hija quiere jugar, vestirse o actuar de forma que (socialmente) no corresponda a su sexo, debemos permitirlo sin juzgar.

Si lo hace de forma persistente, preguntarle si es que así se siente mejor, si hay algo que no le guste  en su cuerpo o en cómo le tratamos.

Si nuestro hijo o hija manifiesta no sentirse a gusto con su sexo, escuchadle, demostradle que estaréis a su lado pase lo que pase para apoyarle y protegerle.

Si tenéis dudas consultad con un profesional que os acompañará y dirigirá a los recursos más adecuados.

Si educamos a nuestros hijos e hijas en los valores de la igualdad y el respeto, sin diferenciar si son niños o niñas, facilitaremos el desarrollo de su potencial.

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