Hablar con los hijos aprovechando las veces en las que los veamos predispuestos a ello.
Fomentar ocio y aficiones comunes.
Tener un proyecto educativo individual.
Transmitir los valores y la cultura propios de la comunidad en la que se vive y a la que se pertenece.
Promover la autonomía y la responsabilidad de una forma prudente y progresiva.
Dedicar tiempo de calidad específico para cada hijo.
Enseñar sobriedad en el uso del dinero en particular.
Dar un modelo adecuado con los propios consumos de alcohol, tabaco y drogas.
Conocer a sus amigos y a su pandilla.
Fijar unos horarios razonables pero firmes en los “horarios de salidas”.
Reforzar positivamente las conductas que lo merezcan y negativamente las que requieran corrección.
Supervisar de una forma flexible pero firme el uso que hacen de las redes sociales.